
Érase una vez… Este anuncio podría empezar así, como un cuento. Porque de eso se trata: un cuento con final feliz. Y a la vuelta de la Navidad, es un buen recuerdo de las fiestas que hemos vivido.
Érase una vez un joven matrimonio. Un día, paseando por un mercadillo navideño y de objetos antiguos y curiosidades varias, ella viene a dar con un décimo de lotería enmarcado… ¡de hace treinta años!
– ¿Cuánto? –Pregunta al tendedero.
– Veinte…
– ¡Hombre!
– El marco es bueno… Vale: dame 10.
Y, con un billete menos en el bolsillo y un décimo enmarcado bajo el brazo, se vuelven a casa.
Pero la pregunta queda en el aire…, ¿quién querría enmarcar un décimo? “La gente guarda cosas muy raras –le dice él–; mi madre aún guarda el primer diente que se me cayó”.
La curiosidad va a más, cuando descubre que ese número tuvo, ni más ni menos, que un quinto premio: ¿por qué alguien lo rechazaría?
Y ahí empieza la investigación de la mujer, para desesperación del marido…
Pero no sigo, que el final merece ser descubierto sin trampas.
Una vez más estamos ante un anuncio donde lo que más cuenta no es tanto el producto que se vende, como la historia en la que nos sumerge. Como el anuncio de Sainsbury’s, o el de ropa masculina Key Biscayne: lo que permanece es el relato.
Y en esta nueva historia, aunque la búsqueda pueda parecer absurda o desproporcionada, nos acaba dando una clave esencial para la vida: hay premios mucho más grandes que el dinero. El auténtico “gordo” nos lo da la vida tantas veces.
Me parece que es un mensaje que vale para Navidad, sí, pero también para cualquier día. Y ahora, que empezamos un nuevo año, con más motivo, ¿no os parece?
Así que, ¡feliz 2026 para todos!


