
En muchas historias heroicas, el enemigo está fuera: es un gigante, un ejército o una amenaza grande y visible. Pero las mejores historias —las que perduran— son aquellas en las que el combate se libra dentro. David, la nueva película de animación distribuida por Angel Studios –responsable de éxitos como Sound of freedom–, parte de un relato bíblico archiconocido, que nos recuerda precisamente eso: que la grandeza no nace de la fuerza, sino de la fidelidad.
En formato de musical, al estilo Disney o Pixar, la película reconstruye con notable respeto el itinerario del joven pastor de Belén que es elegido para reinar sobre Israel. Desde su unción como rey y su enfrentamiento con Goliat, hasta su progresiva asunción de una misión que le desborda, el relato avanza combinando aventura, música, canciones y épica. Pero su mayor acierto no está en las hazañas externas —que también—, sino en ese otro gigante menos visible: la tensión entre la llamada recibida y la propia fragilidad.
En esa línea, algunas de sus canciones refuerzan el conflicto central del relato. Destaca especialmente “Follow the Light”, que convierte en música esa doble lucha —externa e interior— que debe librar el protagonista.
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David dialoga inevitablemente con referentes como El príncipe de Egipto. Hay ecos claros en su apuesta musical y en su intento de convertir un relato sagrado en una experiencia emocional accesible a las nuevas generaciones.
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Pensada para un público familiar, la película suaviza algunos de los pasajes más duros del texto bíblico. No vemos aquí la crudeza del combate con Goliat ni las sombras más oscuras del futuro rey, como, por ejemplo, su relación con Betsabé. Es una opción comprensible, que sitúa el foco en el crecimiento del personaje, aunque deja fuera parte de la complejidad moral que hace de David una figura tan profundamente humana, y tan importante para la historia del pueblo judío y el cristianismo.
Desde el punto de vista formal, David dialoga inevitablemente con referentes como El príncipe de Egipto. Hay ecos claros en su apuesta musical y en su intento de convertir un relato sagrado en una experiencia emocional accesible a las nuevas generaciones. Sus medios técnicos son más modestos —lejos del acabado de Pixar o DreamWorks Animation—, pero el resultado mantiene una dignidad notable y, en algunos momentos, una fuerza expresiva sincera. Algunos, más atrevidos, la ven como la mejor adaptación bíblica desde la de Moisés. Y, en parte, pienso que no les falta razón.
Dirigida por Phil Cunningham y Brent Dawes, y estrenada en Estados Unidos en diciembre de 2025, llega a España el próximo 30 de abril. Ciertamente, la película confirma el interés creciente por revisitar los grandes relatos bíblicos desde códigos contemporáneos. Tanto Cunningham como Dawes son responsables de la miniserie Young David —cinco capítulos, de cinco minutos cada uno—, que sirve como precuela de esta película.
Al final, David no es solo la historia de un joven que vence a un gigante. Es la de alguien que aprende —no sin tropiezos— a confiar más en Dios y menos en sí mismo. Y quizá ahí reside su vigencia: en recordarnos que, antes o después, todos estamos llamados a enfrentarnos a ese otro Goliat que llevamos dentro.


